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Daniel y Esteban Obregón |
Hambre y sed de justicia
Por Esteban Obregón
Afirmación México, DF
12 de diciembre de 2005
¿Se han preguntado
alguna vez el por qué los miembros heterosexuales de la Iglesia
SUD están tan preocupados por nuestro crecimiento y por nuestra
hermandad que es más fuerte cada día?
Sinceramente creo que en efecto la iglesia
SUD está muy preocupada por nosotros, pero por las siguientes
razones:
- Es un hecho constatable que actualmente el
grupo religioso con mayor presencia en la Internet es el grupo mormón-gay.
La proliferación de grupos SUD de corte lésbico-gay
en la red es algo que debe llamar mucho la atención de las
autoridades de la Iglesia. Esta notable presencia es algo que llama
la atención no solo de las autoridades, sino de sociólogos
y terapeutas fuera de la iglesia quienes ya tienen algunas hipótesis
para explicar este crecimiento de grupos gays-SUD. La iglesia misma
reconoce que un 4 ó 6 por ciento de los miembros "están
luchando con problemas de atracción hacia el mismo sexo"
y que esto repercute en todo el ámbito familiar, escolar
y religioso, afectando de alguna manera a un 20 por ciento de la
población general de la iglesia (¡hagan cuentas!). Lo cual
hizo que las autoridades diseñaran una política con
instrucciones a los obispos y presidentes de rama, instándolos
a mostrarse "compasivos" y no excomulgarnos sino solamente
en casos de abierta rebeldía o falta de arrepentimiento.
- El apoyo económico y político que han prestado las autoridades de la Iglesia a todas las iniciativas legales para impedir el avance de los derechos civiles y humanos de los gays, no solo en los Estados Unidos sino en todo el mundo, ha traído sobre la iglesia un estigma de "homofóbica", del cual quiere deshacerse implementando programas de terapia "reparativa" para "curar" a los miembros que "padecen" del síndrome de "atracción hacia el mismo sexo" (Same-Sex Atraction, SSA) y apoyando (veladamente) el surgimiento de grupos de apoyo (como Evergreen y Disciples2) para que ayuden a "luchar" contra la "atracción hacia el mismo sexo" apegados a los principios de la Iglesia.
- La atención pública que han recibido los suicidios de mormones gays y mormonas lesbianas, al no poder conciliar su sexualidad con los principios de la iglesia, obligó a la iglesia a reflexionar sobre la intolerancia retórica y falta de caridad cristiana. Hasta esas fechas la intolerancia había sido la tónica, tanto de las autoridades como de los miembros en su gran mayoría, quienes creían de esa manera interpretar correctamente las instrucciones de los líderes y de las autoridades.
A pesar de toda esta aparente "preocupación",
no veo cercano todavía el día en que las autoridades cambien
de manera radical su concepción referente a lo que ellos llaman "la atracción por el mismo sexo" ni acepten
las evidencias científicas sobre la naturaleza de la homosexualidad.
Mientras sigan convencidos de que es una "enfermedad" y por
lo mismo susceptible de ser "curada", todos los cambios serán
meramente cambios de apariencia, "capas de barniz" que no
resuelven ni afectan el fondo del asunto.
¿Será necesario, tendremos que esperar, hasta que el
Señor se manifieste en todo su poder y gloria y nos declare,
en una revelación incontrovertible, su voluntad sobre estas
cosas?
El asunto de la homosexualidad, o de "la atracción por el mismo sexo", como Uds. prefieran,
no es un asunto menor, de hecho ya amenaza con dividir a otras iglesias:
la iglesia Anglicana, la metodista, la católica, etc., que se
debaten en una polémica en la que intervienen la ciencia, la
teología, la historia y la psicología.
Nuestra iglesia, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días, con su acendrado centralismo, cerrada en todo al diálogo
con los fieles, hace imposible el intercambio reflexivo. Somos concebidos
como un rebaño que sólo debe escuchar la voz de su pastor,
y obedecer acríticamente; pero el pastor nunca dialoga con
sus ovejas, y parece estar sordo ante los balidos de angustia que lanzan
un 20% de su grey. No hay respuestas, solo una aparente "compasión".
¿Hasta cuándo seguiremos hambrientos y sedientos de
justicia, y seremos por fin saciados? Las promesas del Cristo ("Yo
vine para que tengan vida en abundancia") ¿sólo
son para los heterosexuales? Entonces... ¿por qué a
mí no me hizo como los otros? ¿Por qué se niegan
las autoridades de tu iglesia a reconocer como legítima la
manera en que siento el amor y el romanticismo y me condenan a la
soledad ("No es bueno que el hombre esté solo"),
a la castración, otra forma de la soltería impuesta?
Preguntas sin respuestas. Pero mientras llegan, conversemos.
Un saludo fraternal de
Esteban
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