Michael R. Ash


Richard Dutcher


Robert A. Rees

¿Hay relación entre quebrantar la ley de castidad y derramar sangre inocente?
Tres autores mormones reformulan esa noción

Seba Martínez
Enero del 2007

En un ensayo recientemente publicado en la revista mormona Sunstone, un autor mormón cuestiona la interpretación tradicional de un pasaje del Libro de Mormón en Alma 39:5. El pasaje en cuestión dice: “No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son… más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo?” Michael R. Ash, maestro de web de MormonFortress.com, cuestiona la noción de que el pasaje compara quebrantar la ley de castidad con derramar sangre inocente.

De acuerdo con Ash, “el pecado tan grave comiendo por Coriantón en este pasaje es probablemente el de alejar a la gente de Cristo. Doctrina y Convenios 18:15 dice que tendremos gran gozo con un alma que llevemos a Cristo, y por lo tanto es razonable suponer que tendremos gran angustia si descarriamos un alma de las sendas del Señor” (Sunstone, noviembre del 2006, pág. 37, 40).

Otros mormones están cuestionando la validez de otros aspectos de la retórica mormona en cuanto a la castidad, como por ejemplo la noción de que más vale volver de la misión en un ataúd que habiendo quebrantado la ley de castidad. En una película mormona reciente States of Grace [Estados de gracia], uno de los personajes dice, “Cualquiera que diga que más vale volver de la misión en un ataúd que quebrantar la ley de castidad es un necio”.

“No me arrepiento de haber escrito eso”, dijo Richard Dutcher, el director de la película, en una entrevista publicada en el mismo número de la revista Sunstone. “Siempre me pareció que decir, ‘más vale volver en un ataúd’ una idea irracional, y he visto que causa mucho daño y mucho pesar” (pág. 68).

En una presentación realizada el 27 de febrero del 2000, Robert A. Rees, que fungió como obispo de un barrio de solteros y aconsejaba a menudo a la juventud gay, propuso que tal vez la Iglesia Mormona debería reformular la jerarquía de los pecados. “Cuando leo el Nuevo Testamento, me parece que, para Jesucristo, los únicos pecados realmente serios son la hipocresía, el egoísmo, la ingratitud, la codicia, negligencia en ayudar a los pobres, el orgullo, el prejuicio, abuso del poder, así como la fornicación y el adulterio”, dijo el Obispo Rees. “Y sin embargo, excepto los dos último, la Iglesia generalmente no disciplina a nadie por cometer ninguno de esos pecados”.




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