La Iglesia Mormona y la cuestión del matrimonio: Cómo el oprimido se ha convertido en el opresor

Por Sebastián "Seba" Martínez
Abril del 2006

En esta foto, tomada hacia octubre de 1901, el sexto presidente de la Iglesia Mormona, Joseph F. Smith, sentado en el centro, aparece con cinco de sus seis esposas y docenas de sus 48 hijos.

La Iglesia Mormona tiene una historia tortuosa en relación al gobierno federal, la constitución de los Estados Unidos, y la cuestión del matrimonio.

Hacia 1840 José Smith, el fundador del mormonismo, empezó a contraer matrimonio en secreto con esposas plurales, casándose en total con unas treinta mujeres y enseñando secretamente este principio a sus seguidores más cercanos (ver Sección 132 de Doctrina y Convenios).

Cuando se establecieron en Utah, los mormones anunciaron al mundo la práctica pública de la poligamia. Durante el siglo 19 Brigham Young, John Taylor, y otros líderes polígamos del mormonismo creían que la poligamia era superior a la monogamia y afirmaban que, por ser un principio religioso, estaba protegido por la constitución de los Estados Unidos. Cuando el gobierno federal empezó a condenar la poligamia mormona, los mormones del Siglo 19 lo vieron como una afrenta y un abuso del poder federal. Los mormones decían que el matrimonio es un derecho regulado por los estados y que el gobierno federal no tiene ninguna autoridad para entrometerse en las leyes del estado. Además, los mormones apelaban a sus derechos constitucionales y llamaban la constitución un documento divino y perfecto, que les garantizaba el derecho de practicar su religión, incluyendo la poligamia.

En un pleito legal que llegó a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, la Corte Suprema dijo que son las creencias, no las prácticas, lo que la constitución protege. Finalmente, para presionar a los líderes de la Iglesia a abandonar la poligamia, el gobierno federal confiscó todas las propiedades y recursos financieros de la Iglesia. Algunos líderes, tales como George Q. Cannon, fueron encarcelados; muchos comenzaron a vivir clandestinamente, escondidos de los oficiales del gobierno federal. Ante tal situación, el sucesor de John Taylor, Wilford Woodruff, declaró en 1890 el fin oficial de la poligamia en un documento llamado el Manifiesto.

Un giro radical

La Iglesia Mormona entonces dio un giro radical en la cuestión. A los pocos años comenzó a excomulgar a los que querían continuar practicando la poligamia. Hoy existen varias iglesias mormonas polígamas en el sur de Utah, el norte de Arizona, Texas, México y otros lugares que continúan practicando la poligamia tal como la enseñara el Profeta José Smith.

Pero a pesar de las excomuniones, la Iglesia Mormona y sus líderes continúan creyendo que la poligamia es un principio verdadero. En el más allá los hombres mormones tendrán derecho de tener a todas las mujeres que hayan desposado bajo el "nuevo y sempiterno convenio del matrimonio". Tales hombres tendrán progenie incesante y eterna con todas sus esposas plurales. Hoy hay tres apóstoles de la Iglesia Mormona, incluyendo a Russell M. Nelson, que después de enviudar volvieron a casarse y recibieron en el templo la promesa de esposas múltiples.

En el siglo 20 la Iglesia se convirtió en una institución que solamente admitía la monogamia entre personas de la misma raza, pero deploraba el casamiento entre personas de razas diferente, y especialmente entre blancos y negros. Por ejemplo, en 1947 la Primera Presidencia declaró que “el casamiento entre los negros y los blancos [es] un concepto que le ha causado repugnancia a toda la gente normal desde la época de los patriarcas hasta la actualidad.”

Campaña para atemorizar a la gente

En los últimos quince años la Iglesia Mormona se alió con los católicos romanos, musulmanes, y otros grupos ultra-conservadores en una campaña destina a atemorizar a la gente y, mediante el uso de una retórica apocalíptica, convencer al mundo de que el matrimonio entre personas del mismo sexo llevará a la sociedad a la completa destrucción. Para evitar dicha “destrucción”, la Iglesia quiere destruir decenas de miles de familias gays y lesbianas que se aman, que tienen hijos, y que viven pacíficamente en todos los estados de la Unión.

En el año 2000, cuando la Iglesia Mormona se entrometió en una costosa campaña política contra las familias gays y lesbianas de California, algunos mormones gays, desvastados por al homofobia que observaban en sus comunidades religiosas, empezaron a suicidarse. “Le ruego a los alumnos de la Universidad de Brigham Young que reconsideren si su homofobia es justa”, escribió Stuart Matis en el periódico de la Universidad de Brigham Young poco antes de suicidarse. “Antes de juzgar, traten de comprender. Nosotros tenemos las mismas necesidades que ustedes. Queremos amar y ser amados. Queremos vivir vidas felices. No somos una amenaza a las demás familias”.

D.J. Thompson, otro mormón gay que cometió suicidio, fue todavía más explícito. D.J. escribió: “Es lamentable que las vidas de gente tan buena como Stuart Matis, Matthew Shepard, y muchos otros, pasen inadvertidas. La Propuesta 22 (la ley anti-gay que la Iglesia Mormona respaldaba en California) es la gota que colmó el vaso. Toda mi vida he luchado por la paz, y he sido derrotado”.

Completando la transformación

En el año 2006, finalmente la Iglesia Mormona completó la transformación: La misma Iglesia que en el Siglo 19 veía el matrimonio como una cuestión de los estados individuales, y afirmaba que el gobierno federal no tiene por qué inmiscuirse, ahora afirma que es necesario enmendar la constitución, el documento federal por excelencia, para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo e imponer esta prohibición sobre todos los estados de la Unión. La misma Iglesia que creía que la constitución era un documento acabado, divino y perfecto, ahora dice que es insuficiente, que si no lo enmendamos nuestra sociedad terminará en una completa destrucción. La misma minoría que fuera amargamente perseguida, excluida de la vida nacional, y castigada por practicar un modelo de estructura familiar alternativo (la poligamia), ahora se ha convertido en una institución que quiere perseguir, excluir y castigar a una minoría porque no les gusta la idea de que esta minoría podría algún día practicar un modelo de estructura familiar diferente (el matrimonio entre personas del mismo sexo).

Así es como el oprimido se ha convertido en el opresor.


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