Johnny Townsend
Johnny Townsend
Un equilibrio precario:  Un cuento escrito por Johnny Townsend

Mormón, misionero y gay: Una conversación con Johnny Townsend

Hugo Salinas
Junio del 2007

Con 60 cuentos y ensayos publicados, Johnny Townsend es un escritor prolífico. Y una docena de sus cuentos describen la experiencia de ser gay y mormón, lo que significa que es el escritor que más ha publicado en esa temática.

Townsend, que vive en Seattle, a menudo se vale de sus propias experiencias cuando escribe sobre la vida misional, pues hizo la misión en Italia a principios de la década de 1980. En cuentos publicados en las revistas
Christopher Street, Backspace y RFD, Townsend escribe una y otra vez sobre el Élder Anderson, un joven misionero mormón que se siente en conflicto por saberse gay. El cuento “Leche de almendras” también tiene a Anderson como protagonista, y fue publicado en la antología mormona In Our Lovely Deseret [En el pueblo de Sión] (Salt Lake City: Signature Books, 1998). Y dos de sus cuentos con personajes mormones gays han sido publicados en Dialogue: A Journal of Mormon Thought [Diálogo: Un periódico académico de pensamiento mormón].

Muchos de tus cuentos tienen por protagonista al Élder Anderson, un misionero que se siente a menudo desdichado, y a veces hasta piensa en el suicidio. Con la premisa de que las obras de ficción suelen ser, a cierto nivel, autobiográficas, ¿por qué has escrito tantos cuentos sobre una experiencia tan desdichada? ¿Es el escribir una forma de terapia?

He escrito tantos cuentos sobre una experiencia desdichada por que la misión fue el momento clave de mi vida. Enfrenté mi propia vida como nunca lo había hecho antes, y aprendí a distinguir entre lo que la Iglesia enseñaba y lo que yo realmente creía. En muchas maneras mi misión fue una experiencia desdichada, pero también me sentí más vivo durante esos dos años que nunca antes y, a pesar de todo, estoy agradecido de mi experiencia misional. En mis cuentos intenté describir algunas de esas complejas emociones y trasmitir el mensaje de que, aunque sea muy difícil, vale la pena salir de misionero. Cuando un ex-compañero de la misión me escribió para contarme que su hijo dudaba en salir de misionero, yo le escribí al hijo y le dije que, a pesar de todos los problemas que obviamente tengo con la Iglesia, en mi opinión salir de misionero es algo bueno; me alegró mucho saber que a la postre el hijo de mi amigo decidió hacer la misión.

Los compañeros del Élder Anderson son a menudo muy amigos de él, y a veces hasta conspiran con él contra líderes de zona tiránicos. Durante la misión, ¿creaste fuertes vínculos emocionales con algunos de tus compañeros? ¿Tuviste que aguantar líderes de zona tan abusivos como el Élder Lucas?

Tuve un puñado de compañeros muy buenos, pero también algunos deplorables. El Élder Lucas es casi en cada detalle un líder de zona horrible que me tocó tener. Preferí escribir cuentos en vez de memorias porque la verdad no siempre constituye un buen cuento; sin embargo, mis cuentos de tema misional son en gran medida autobiográficos. Cambié el orden de los acontecimientos, o los situé en una ciudad diferente, o me puse un compañero diferente, pero en gran medida son historias verídicas. “Deiana” era un compañero por quien sentía mucho cariño, y tanto él como mis otros compañeros italianos me aceptaron después que le dije que era gay; en cambio, mis compañeros norteamericanos o amigos de la Iglesia me rechazaron. Si algún día logro publicar todos mis cuentos de tema misional gay en un libro, se lo voy a dedicar a los tres compañeros italianos favoritos: William Cappa, Michelangelo Lo Piparo y Nicla Covino—grandes misioneros y excelentes personas.

Algunos de tus cuentos sugieren que los mormones salen de misión y obedecen reglas para obtener los “puntos celestiales” que les permitirán alanza la exaltación. ¿Creías, como misionero, en una teología tan mezquina?

Muchos miembros de la Iglesia creen en la teología de los “puntos celestiales” que aparece en algunos de mis cuentos. Pueden ser gente deplorable, pero se creen que si obedecen ciertos mandamientos específicos, están en camino al Reino Celestial. La misión fue la primera vez que tuve que elegir entre ser un misionero obediente y ser una buena persona.

El cuento “Leche de almendras” explora la teología mormona de la sexualidad y sugiere que solamente a un Dios cruel se le ocurriría disfrutar de una vida de pareja por toda la eternidad y al mismo tiempo negarle ese privilegio a las parejas gays y lésbicas. ¿Podrías desarrollar esa idea?

He recibido respuestas a mis muchos ayunos y oraciones con respecto al tema de la homosexualidad y sé que Dios no tiene problema con la gente gay. Sin embargo, después de haber estado imbuido en la doctrina mormona por tantos años, me cuesta separarme completamente de la misma y a veces me entra la duda: ¿habré sido engañado? Soy gay, todo el mundo lo sabe, y soy feliz; apoyo la Campaña por los Derechos Humanos; he publicado artículos a favor de los derechos gays; y sin embargo, hay una partecita muy pequeña de mí que no está del todo convencida, que se pregunta si estaré equivocado. Sin embargo, yo estoy actuando de acuerdo con lo que creo genuinamente ser las respuestas a mis oraciones sobre la cuestión y tomando lo que creo ser las mejores decisiones. Yo no creo que un Dios decente pueda condenarme por toda la eternidad por lo que podría calificarse, en el peor de los casos, como una inocente equivocación. El Dios que describen muchos cristianos, y especialmente muchos mormones, es un dios que, si realmente actúa de la manera que ellos dicen, no tengo interés en seguir. Tal dios es una persona cruel y desagradable. Sean cuales fueren los errores que yo pueda cometer en la vida, yo no puedo creer en un dios cruel.

En “Leche de almendras”, el Élder Anderson dice, “soy gay, y por lo tanto mi única manera de alcanzar la exaltación es por el martirio.” ¿Será ese el razonamiento que ha llevado a algunos mormones gays a quitarse la vida?

Yo no puedo ver el suicido como una forma de martirio, pero no sé si los mormones gays que se suicidan lo ven de esa manera. Cuando yo tenía ganas de suicidarme era porque quería proteger a mi familia de descubrir la verdad. Yo creía que, sin prejuicio de la tristeza que mi muerte les causaría, no sería tanto como la tristeza de descubrir que yo era gay (que en ese entonces yo creía era el peor de los pecados). En mi cuento “Expreso al infierno” quise mostrar que tiene que haber algo profundamente errado en una doctrina que lleva a la gente a sentir una angustia tan profunda.

Aunque fue publicado en una antología mormona, “Leche de almendras” contiene material que muchos mormones juzgarían ofensivo e indignante. ¿Cómo reaccionó el editor de la antología? ¿Hubo ocasiones en las que tuviste que hacer cambios en tus cuentos para complacer a tus editores?

Robert Raleigh, el editor de En el Pueblo de Sión me apoyó totalmente en publicar ese cuento. La ironía es que, como ahora sabemos, ese es en realidad uno de los cuentos menos escandalosos de la colección. Una sola vez un editor me pidió que hiciera un cambio con el que yo no estaba de acuerdo, y ocurrió en el cuento “The Buzzard Tree” (“El árbol de los buitres”) que va a aparecer en el número de invierno de Diálogo: Un periódico académico de pensamiento mormón. La editora quería que yo agregara una frase para aclarar algo sobre el hecho de que el nieto de la protagonista era seropositivo, lo que a mí me parecía innecesario. El cuento es sobre la abuela, y me pareció que no valía la pena agregar una frase para explicar más sobre el nieto. Pero a la editora le pereció que los lectores se preguntarían si el nieto, por el hecho de ser seropositivo, iba a morir antes que la abuela. Yo ya había aclarado en una frase que el nieto gozaba de perfecta salud. Esta negociación con la editora me sugiere que los miembros de la Iglesia están tal vez demasiado distanciados del tema del VIH y no saben que existen hoy tratamientos muy efectivos. Yo quería incluir un personaje seropositivo en el cuento para recordarle a los lectores que el VIH sigue existiendo, pero no quería darle tanto énfasis como la editora me pedía que le diera.

¿Viste la película Latter Days? ¿Te parece que hay similitudes entre el Élder Anderson y el Élder Davis?

Vi Latter Days y me gustó mucho, a pesar de sus defectos. Yo no veo similitudes entre Anderson, mi personaje principal, y el Élder Davis de la película. Los dos enfrentaron sus dilemas de maneras diferentes, y hasta me atrevería a decir que Davis respondió mejor que mi protagonista. Hay muchas docenas de historias diferentes sobre mormones gays, y todas se merecen ser relatadas.

¿Has publicado narrativa que no se vincula con la experiencia gay mormona? ¿Qué proyectos te ocupan estos días?

He publicado unos 60 cuentos y ensayos. Muchos de ellos, pero no todos, tienen personajes mormones gays. Algunos tienen personajes mormones bugas, especialmente mujeres, y algunos tienen personajes judíos o personajes que no pertenecen a una religión específica. Me gusta incluir personajes que tienen o habían tenido una religión, pero me gusta que mis personajes tomen decisiones correctas, no decisiones inspiradas solamente por su religión. El proyecto que ahora me ocupa es el de tratar de publicar mi colección de cuentos de tema misional gay. De 21 cuentos, unos 10 ya han sido publicados separadamente, pero me gustaría publicarlos juntos en forma de libro. No sé si alguien tendrá interés en leer tantos cuentos de tema mormón gay, pero creo que figuran entre los mejores cuentos que he escrito y me gustaría que tengan un hogar permanente. También escribo cuentos con temáticas diferentes y las envío a revistas para posible publicación. Ocasionalmente escribo ensayos de opinión y también tengo escrito un libro sobre la historia del incendio del UpStairs Lounge que me gustaría publicar. El UpStairs Lounge era un bar gay en el Barrio Francés de Nueva Orleans. El 24 de junio de 1973, personas no identificadas prendieron fuego en ese bar de manera premeditada y 32 personas murieron en el incendio. También me gustaría escribir una novela, pero creo que el cuento es el género en que me siento más cómodo, así que no sé si escribir una novela será un proyecto exitoso.

Hace muy poco asististe por primera vez a una reunión de Afirmación. ¿Qué te motivó a contactarte con otros mormones gays?

Fui un mormón muy devoto por muchos años, pero la excomunión y la manera horrible en la que los miembros me trataron me dejó un sabor amargo en la boca y por varios años no quise saber nada con ninguna religión. Pero mi segunda pareja era judío y empecé a asistir a la sinagoga con él. Terminé por hacerme judío, estudié mis oraciones y me convertí en un bar mitzvá. Me fascina el judaísmo, pero en el fondo siempre voy a seguir siendo mormón. El mormonismo me atrae, es una religión que yo entiendo, y me parece que si algún día tuviera otra pareja, me gustaría que fuera Santo de los Últimos Días. Por lo menos, me gustaría hacer amigos mormones, así que asistir a Afirmación fue un intento de empezar a reconectarme con la comunidad mormona. Creo que es inevitable que algún día la Iglesia termine por aceptar la homosexualidad, y espero que algún día pueda volver a ser parte de la Iglesia.











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