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Stuart Matis
(1967-2000)
 Bryan Jordan Smith
(1984-2004)
 Carlyle Mardsen
(1921-1976)
 Christopher Ricksecker
(1982-2003)
 Clifford Martell
(1951-2000)
 D.J. Thompson
(1967-2000)
 Emery Prickett
(1948-1985)
 Farrell Hurst
(1952-1986)
 Jon Inman
(1969-1995)
 Lynn Stewart
(1957-2005)
 Randall Watkins
(1962-2005)
 Steven Wheeler
(1949-2000)
 Clay Whitmer (izq.)
(1965-2000)
 Jacob Orosco
(1980-1997)
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Solo en el rebaño
Muchos Santos de los Últimos Días luchan por aferrarse
a su fe a pesar de sus anhelos
Sábado, 3 de Diciembre de 2005
http://deseretnews.com/dn/view/0,1249,635165814,00.html
Por Carrie A. Moore
Del periódico Deseret Morning News
Traducido por Esteban Obregón
Ty Mansfield y Stuart Matis nunca se conocieron, pero fueron hermanos
en la Iglesia y en el espíritu. Se aferraron a la barra de hierro de la fe y concluyeron exitosamente su misión como Santos de los Últimos Días. Ambos también se
aferraron a otra creencia medular: que si oraban con suficiente empeño, ayunaban a menudo y leían las escrituras, Dios cambiaría su irresistible atracción física por otros hombres.
Ambos buscaron apoyo psicológico profesional; ambos recibieron
bendiciones de sus líderes del sacerdocio; ambos se esforzaron
y lloraron. Pero los sentimientos permanecieron inamovibles.
Mansfield casi perdió control una o dos veces. Y Matis
finalmente se dio por vencido.
Como miembros activos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de
los Últimos Días, ninguno de los dos pude reconciliar
esos sentimientos con su fe.
Ambos hombres escribieron acerca de su lucha: Matis en una nota de
suicidio dirigida a sus padres y Mansfield en un libro dirigido a
sus pares mormones, explicando
su lucha y la manera en que la ha enfrentado.
En desesperación silenciosa: entendiendo el desafío
de la atracción hacia el mismo género [In Quiet
Desperation: Understanding the Challenge of Same Gender Attraction],
preparado a solicitud de los editores de Deseret Book, fue escrito por
Mansfield y por los padres de Stuart Matis, Fred y Marilyn Matis,
para explicar cómo fue la vida para Stuart y su familia y para
darle esperanza a los Santos de los últimos Días,
a sus familias y a cualquier otro interesado en el tema de la atracción
al mismo sexo.
"Yo sabía que no iba a convencer a nadie que la Iglesia
está bien", dice Mansfield. Mansfield espera que sus
lectores, mayoritariamente activos SUD familiarizados la posición
de la iglesia de que la actividad homosexual es pecado, entiendan que hay miembros quienes luchan por permanecer fieles a las enseñanzas mormonas. Lleno de metáforas bíblicas, el Libro
"no les dice que sean inherentemente diabólicos o que estén equivocados," dijo Mansfield.
“Quise inspirar esperanza”.
Mansfield no finge que la vida sea fácil. De hecho, ya no finge nada. Sin embargo, cree que muchos Santos de los últimos Días se sienten incómodos con el tema y de que hay “una
tendencia a minimizarlo o a creer de que tal vez es sólo una fase
que a la postre desaparecerá. Pero entonces uno alcanza un punto
en el que tiene una crisis espiritual”, ya sea personalmente
o como padre o como hermano.
Como estudiante de la Universidad de Brigham Young, Mansfield dijo
que le llegá el día en que “Sentí que
me podría volver loco si no lo enfrentaba. Me encerré
en mí mismo por un largo tiempo, sintiéndome inherentemente
malvado y sintiendo que mi existencia era malvada. Quise creer que la
iglesia no era verdadera, pero yo sabía que sí lo es.
No pude abandonar esa creencia”.
Stuart Matis tampoco pudo. Pero la desesperación de saber
que “Nunca recibiré aprobación de Dios no importa lo que haga”,
como él lo dijo a sus padres en la nota de suicidio, lo perseguía.
De acuerdo con su madre, “No importó cuánto lo intentó con oraciones frecuentes, fe firme y asistencia regular al templo; Stuart siempre sintió que su armadura espiritual estaba averiada.”
“Ahora soy libre”, escribió en su nota. “Ya
no siento dolor, ya no me odio a mí mismo. Acabo de descubrir que Dios nunca quiso
que yo fuera heterosexual. Quizá mi muerte pueda ser el catalizador para algo bueno”.
Sus padres, ahora retirados y viviendo en un tranquilo vecindario
en el norte del condado de Utah, están haciendo su mejor esfuerzo para construir una base de entendimiento de lo que muchos consideran una pesada carga.
"Solo esperamos que la historia de Stuart, qué vivió y cómo lo vivió, ayude a la gente a saber quién
fue Stuart", dijo su madre recientemente viendo hacia una
fotografía de su hijo. "Y entiendan que todos tenemos desafíos que no pedimos y que no elegimos".
En febrero de 2000, los votantes de California tuvieron que decidir
sobre una prohibición para el reconocimiento de matrimonios
entre personas del mismo sexo, legalmente aprobados en otros estados.
A pesar de estar de acuerdo con el apoyo otorgado por la Iglesia Mormona
a esa prohibición, conocida como la Proposición 22, el acalorado debate
político alcanzó a Fred y Marilyn Matis personalmente
y de una manera no experimentada por la mayoría de los miembros
de su barrio. Los demás miembros del barrio usaron las reuniones
dominicales de la iglesia como una plataforma para promover medidas
todavía más drásticas: Un miembro de la estaca, hablándole un domingo a la congregación, dijo que todos los homosexuales deberían ser subidos en un barco, llevados hasta mitad del Océano Pacífico y hundidos.
La retórica política aguijoneó a la familia
Matis, particularmente a Stuart, de 32 años. Aunque
sufrían en silencio, otro ataque de pánico golpeó
a Stuart cuando su madre regresó a casa en lágrimas
después de una reunión de la Iglesia.
Ella le dijo a su esposo que necesitaban una tregua y la pareja decidió
visitar a su hija en Colorado por una semana. Invitaron a Stuart,
pero él dijo que no podía ir. Regresaron a casa el lunes
y al día siguiente, mientras se preparaban para ir al templo,
Stuart les dijo que tenía una pistola escondida en un lugar
seguro. Él sabía mucho acerca de esconder; después
de veinte años escondiendo sus sentimientos, y otro año
de hablar con padres, líderes de la iglesia y amigos,
las esperanzas de Stuart de cambiar su orientación a través
de la oración y de las devociones religiosas se habían
evaporado.
Después de una experiencia sagrada que tuvo en el templo,
dijo Fred, tras la conversación con Stuart,
él y su esposa oraron juntos y “entregaron a Stuart al
Padre Celestial”. Los detalles son muy personales como para
recontarlos, pero una cierta paz vino a ellos, dijeron.
Tres días después encontraron la nota de Stuart sobre
su cama, en donde hacía el recuento de cómo “a
través de mi vida, a pesar de todo el dolor que resistí,
siempre confié en Dios y esperé lo mejor. Esta esperanza
alimentó mi deseo de vivir. Ahora, sin embargo, he llegado
a estar convencido que mis ansiedades nunca serán resueltas...
Soy incapaz de resolverlas por mí mismo, y he decidido terminarlas
de la única manera que sé que funcionará. Debo
quitar la cadena de la mortalidad”.
Más tarde, ese mismo día, encontraron el cuerpo de Stuart en la entrada de un centro de estaca mormón, con una pistola. Hasta el 25 de febrero, 2000, Stuart había mantenido su secreto. De un solo disparo, su historia vino a ser noticia nacional exactamente
unos días antes del voto en California, iluminando un tema que sólo había sido susurrado, pero no ampliamente discutido, entre los miembros ordinarios Santos de los Últimos Días.
La pareja espera que sus deseos por ayudar a los muchos que están
tan atormentados como su hijo sean vistos por lo que son: un deseo por
abrazar a aquellos que son rechazados o aislados por el temor.
En febrero, invitaron a Ty Mansfield y a sus amigos a su casa para
celebrar la publicación del libro. Más de la mitad de
los 65 hombres jóvenes que asistieron eran mormones gays.
"Teníamos cena para ellos. Aún después
que Ty se retiró, ellos no se querían ir", recuerda
Marilyn. El grupo localizó el piano familiar y comenzaron a
cantar himnos mormones "con el más dulce espíritu".
"Si la gente hubiera podido ver a esos jóvenes ahí, cantando juntos
con lágrimas en los ojos", dice Marilyn. "He recibido correos de ellos diciéndome
que se sintieron amados. Eso es todo lo que ellos quieren".
Después de la reunión un joven se acercó a Fred
y le preguntó: “¿hacen esto a menudo? Me gustaría
venir más veces.”
"Se sintieron calmos, nadie los juzgó ni criticó", recuerda Fred.
Después de la muerte de su hijo, los esposos fueron contactados
por el Élder Jeffrey R. Holland del Quórum de los Doce de la Iglesia, quien les pidió reunirse con él. Estuvieron dos horas conversando acerca de la experiencia de Stuart y de lo que habían aprendido desde entonces. También hablaron largamente con el Élder Cecil Samuelson del Quórum de los Setentas, presidente de la Universidad de brigham Young. “Algunos de esos jóvenes han ido al Élder Samuelson y él ha tomado tiempo para escucharlos”, dijeron, agregando que creen que los líderes más altos de la iglesia tienen una gran compasión por los que luchan.
Las causas de la homosexualidad "no son conocidas" dice
Lee Beckstead, un psicólogo local quien recientemente estudió
los resultados de varias terapias entre mormones gays. Ya que la población de los miembros de la iglesia representa un espectro político muy diverso, las ideas
y creencias acerca de cómo tratar la homosexualidad entre los
Santos de los Últimos Días también varían
muy ampliamente.
Un amplio espectro de opiniones existe dentro de la comunidad psicoterapéutica
—incluyendo a algunos profesionales mormones—sobre qué es
más útil para aquellos que se enfrentan a la atracción
hacia el mismo sexo.
“No sabemos qué causa la heterosexualidad, así
que no sabemos tampoco qué causa la homosexualidad. Hemos desarrollado
teorías, donde el especialista le pregunta al paciente acerca
de su pasado, y estamos aprendiendo acerca de las relaciones familiares”,
dice Beckstead, “pero pienso que todo depende de las creencias
de la gente acerca de qué causa su orientación sexual”.
Las causas de la orientación sexual sustentan la "terapia reparativa", diseñada
para enseñar a los hombres a ser más masculinos y a
las mujeres a ser más femeninas.
Dentro de la Iglesia Mormona, dice Beckstead, los terapeutas “reparativos”
o de conversión creen que una vez que saben la causa de la
homosexualidad, pueden encontrar la cura. Basada en suposiciones acerca
de la causa, incluyendo “un déficit en la identidad de
género” sostienen que todas las personas son “básicamente
heterosexuales y que 'porque mi padre no me amaba lo suficiente'"
se dio una desconexión o inferioridad que se desarrolló
en relación con otros hombres. Así, se busca ayudar
a los hombres a desarrollar relaciones saludables heterosexuales con
la meta de que lleguen a ser heterosexuales.
El enfoque clínico opuesto, llamado terapia gay afirmativa,
también representa un desafío para los pacientes mormones
comprometidos con vivir de acuerdo con los dictados de su fe, la cual
excluye toda relación sexual fuera del matrimonio heterosexual
y enseña que las familias estarán "juntas para
siempre". Dicha terapia apoya y anima a vivir una vida gay.
Sin embargo, muchos pacientes SUD quieren cambiar la atracción
más que simplemente seguirla, y puntos de vista opuestos sobre
cómo lidiar con la atracción complican el tratamiento, dice Beckstead . "El simple hecho de que alguien se siente atraído o atraída hacia el mismo sexo no significa que tal persona debe establecer una relación gay".
Beckstead ha llegado a la conclusión de que “ni las terapias de conversión
ni las terapias afirmativas gays han satisfecho las necesidades de
todos los pacientes en conflicto” y los terapeutas necesitan
explorar nuevas maneras de satisfacer esas necesidades.
“Dios es un tema enorme. ¿Puede amarlos Dios a pesar
de su atracción o a causa de su atracción? En la iglesia la cuestión gira en trono a la necesidad que la gente tiene de sentirse que Dios los aprueba; en la sociedad, la cuestión gira en torno a la aprobación social. La gente piensa que no puede ser gay porque los
padres lo odiarían, el arido o la mujer lo dejaría, o ser gay no va de acuerdo con su cultura, su nacionalidad o su raza”.
Ahora que su libro ha sido publicado, Mansfield dice que prefiere vivir fuera de Utah. “Aquí en Utah siento que me definen en base al hehco de que soy gay. Mi orientación por el mismo sexo no es lo único que define mi vida.”.
Aunque trabaja para una firma de consultores en Washington, D.C.,
Mansfield decidido obtener un título académico en terapia familiar
y personal. Ha aprendido, mientras él mismo iba a terapia,
“cómo entender mis sentimientos y dar una mejor respuesta
a ellos. Puedo controlar mis sentimientos más y no dejar que
ellos me controlen a mí”.
Mansfield dice que nunca le aconsejaría a nadie que se case para intentar cambiar atracción hacia el mismo sexo.
“Conozco algunos individuos quienes sienten que han superado
la atracción, se han casado, y esto ya no es un problema para ellos... conozco
otros quienes tienen el tipo de vida que quieren —casados y con
una familia. Ellos aún sienten la atracción, pero es ahora la ven solamente como una atracción”.
Aunque Mansfield entiende la dinámica de la atracción homosexual en su propia vida, dice que no está seguro de si su atracción alguna vez lo dejará completamente. Simplemente sonríe y da un educado “no” para sus amigos mormones que intentan presentarle alguna chica; no tiene respuesta definitiva para los que le preguntan si algún día se casará.
Algunos que él conoce han dejado la iglesia y viven una vida homosexual. Cuando ellos le preguntan por qué él no lo hace, responde, “siento que estoy siendo leal a mi ser eterno”.
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