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Stuart Matis
(1967-2000)
 Bryan Jordan Smith
(1984-2004)
 Carlyle Mardsen
(1921-1976)
 Christopher Ricksecker
(1982-2003)
 Clifford Martell
(1951-2000)
 D.J. Thompson
(1967-2000)
 Emery Prickett
(1948-1985)
 Farrell Hurst
(1952-1986)
 Jon Inman
(1969-1995)
 Lynn Stewart
(1957-2005)
 Randall Watkins
(1962-2005)
 Steven Wheeler
(1949-2000)
 Clay Whitmer (izq.)
(1965-2000)
 Jacob Orosco
(1980-1997)
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Un testimonio sellado con sangre: Suicidios de mormones gays y la política del silencio
Ganador del Concurso Literario de Afirmación 2001 — Primer Premio
Por Hugo Salinas
Versión en español, septiembre de 2001
Información sobre suicidios y crisis
Este ensayo contiene algunas reflexiones personales sobre los suicidios de mormones gays que recientemente investigué para Afirmación. A pesar de ser tan difícil, yo creo que es un tema fundamental. La expresión "la política del silencio" viene de
un ensayo escrito por Paul Monette, en el que habla de la importancia de "salir del
armario" y combatir la censura. De acuerdo con Monette, "algunos de los que tanto
nos odian piensan que nuestra intención es la de adoctrinar a sus hijos. La verdad
es que estamos de salvar a sus hijos del suicido"1.
No sé si Paul Monette se habrá dado cuenta de que, para la comunidad mormona, sus palabras son casi una profecía.
Yo creo que todos nos sentimos atrapados entre el miedo de hablar de esta horrible
crisis y la desesperación de actuar. La epidemia actual de suicidios de gays
mormones es un acto de terrible injusticia. Y sin embargo yo creo que el suicidio
es un tema extremadamente complejo. Yo no puedo juzgar cómo es que los diferentes
factores pueden haber influido las decisiones tomadas por estos gays mormones que
se quitaron la vida. Además, aunque me doy cuenta de que se podría dar a estas
personas el título de mártires (víctimas de la homofobia que "sellaron su
testimonio con su sangre"), no me parece adecuado llamarlos mártires ni dramatizar
las tristes circunstancias de sus muertes.
Sobre todo, el tema de este ensayo es mi propia lucha con la política del silencio.
Yo lucho con la política del silencio porque por un lado creo que la gente tiene
derecho a una vida privada, y por el otro me indigno cuando veo que las
instituciones usan la vida privada como pretexto para evitar responsabilidad
y para distorsionar la verdad. Tal vez pueda ilustra este concepto con una
noticia que recientemente investigué en los periódicos.
En 1988 Ray Gordon Church, un mormón gay que estudiaba en la Universidad Estatal
del Sur de Utah, fue torturado y asesinado por dos ex-presidiarios. Fue uno de
los crímenes más atroces en la historia de Utah, un crimen de odio similar al
asesinato de Matthew Shepard. Y a pesar de todo, cuando el crimen ocurrió, nadie
osó divulgar la verdad de los hechos. "El homicidio fue, al menos en parte, un
crimen de tipo sexual," insinuó el periódico The Salt Lake Tribune. Un juez del
Condado de Millard impuso secreto de sumario y selló los expedientes judiciales,
en parte por la brutalidad del crimen y por el hecho de que el caso tocaba de
cerca a una familia muy conocida en Delta (un pueblito de Utah). Cuando el juicio
finalmente empezó y se supo públicamente que Church era gay, nadie caracterizó el
asesinato como un crimen de odio.
No fue sino en 1994 que un lector del Salt Lake Tribune finalmente osó decir la
verdad en una carta al correo de lectores: "El Tribune sugirió que [Archuleta]
torturó y asesinó a Gordon Church porque la víctima era un alumno en la
Universidad del Sur de Utah que solía frecuentar una tienda de Cedar City, y yo me
pregunto por qué," escribió el lector. "Los medios de difusión distorsionaron la
noticia. [Michael Archuleta y Lance Wood] no [mataron a Church] porque era un
estudiante o porque estaba en una tienda. Lo mataron porque les pareció que Church
era gay. Es lamentable que el Tribune no tenga el coraje de decir la verdad sobre
este crimen inspirado por la homofobia, uno de los asesinatos más atroces en la
historia de los Estados Unidos"2. Al Salt Lake Tribune le tomó doce años reconocer y desenmascarar la política del silencio.
También lucho con la política del silencio porque por un lado siento un compromiso
ético hacia la verdad y el conocimiento, pero por el otro tengo que reconocer que
no siempre cumplo con mis altos ideales. En marzo del 2000, cuando cuatro mormones
gays se suicidaron en el curso de cuatro semanas, le envié un nervioso mensaje al
encargado del sitio de web de Afirmación. "¿Te parece sabio hablar de estos
suicidios en el sitio de web?," le pregunté. "¿No existe el peligro de inspirar
a más copiones?" Mi preocupación era bien intencionada, y sin embargo mi mensaje
transmitía un aire de superioridad. Ese es el fundamento mismo de la política del
silencio—la idea de que yo tengo el derecho de conocer la verdad, pero que
los demás no lo tienen. Y aunque sea bien intencionada, hoy me parece que
es mucho más peligroso respaldar la política del silencio.
Existe además una profunda ironía en relación con todos estos suicidios y la
política del silencio. Al suicidarse, todos estos mormones gays eligieron el
silencio, pero al mismo tiempo hicieron una declaración conmovedora sobre los
desafíos que tanto los abrumaban. Algunos de ellos llegaron a declarar
explícitamente su tremenda conmoción personal. "Le ruego a los alumnos de la
Universidad de Brigham Young que reconsideren si su homofobia es justa", escribió
Stuart Matis en el
periódico de la Universidad de Brigham Young poco antes de
suicidarse. "Antes de juzgar, traten de comprender. Nosotros tenemos las mismas
necesidades que ustedes. Queremos amar y ser amados. Queremos vivir vidas felices.
No somos una amenaza a las demás familias". Mi amigo D.J. Thompson fue todavía
más explícito en su carta de despedida. D.J. escribió: "Es lamentable que las
vidas de gente tan buena como Stuart Matis, Matthew Shepard, y muchos otros,
pasen inadvertidas. La Propuesta 22 es la gota que colmó el vaso. Toda mi
vida he luchado por la paz, y he sido derrotado"3.
En mayo del año pasado, cuando comenzamos a oír historias de mormones gays que
se estaban quitando la vida, el Capítulo Wasatch de Afirmación ayudó a organizar
un servicio conmemorativo en la Catedral de Saint Mark, y Duane Jennings comenzó
a utilizar el slogan "Basta de muertes, basta de silencio". Participaron muchos
de los que habían ayudado a organizar el servicio conmemorativo que se hizo
cuando murió Matthew Shepard. Allison Bingham habló en nombre de los Servicios
para la Juventud de Afirmación, y yo dije una breves palabras en memoria de mi
amigo D.J. Thompson. Un año más tarde, Scott MacKay me pidió que ayudara a
componer una página conmemorativa en el sitio de web de Afirmación. Acepté el
desafío, en parte como un homenaje a mi amigo D.J.
Las semanas que siguieron las pasé leyendo y documentando algunas de las historias
más tristes que uno pueda imaginar. Un joven mormón de 25 años, activo en un lobby
de Wáshington, salta desde un puente a una autopista. Un profesor de la
Universidad de Brigham Young, casado y con hijos, sale de casa, pero en vez de
ir al trabajo, detiene el auto junto a la carretera y se suicida de un disparo
al corazón. Un joven mormón de 33 años, activo en la Iglesia, quema todas las
cartas de su amante y se ahorca en su casa. Mi meta era la de documentar cada
caso lo mejor posible, de ser exhaustivo y exacto, pero mi tarea se vio a menudo
obstaculizada por la política del silencio. A veces las familias de un mormón
gay que se quita la vida se niegan a publicar un aviso fúnebre en el periódico.
A veces mienten sobre la causa de la muerte, y en algunos casos estos mormones
gays mueren sin que sus familias sepan que eran gays. "Podemos usar el nombre
de pila", me dijo un joven de Las Vegas que me ayudó con una historia, "pero no
el apellido. Hasta el día de hoy la familia no sabe que mi amigo se suicidó
porque era gay".
Y para averiguar estas historias, yo también me convertí en cómplice de la
política del silencio, porque nunca contacté a las familias directamente.
También me convertí en cómplice de la política del silencio porque aprendí
a presentarme de acuerdo a quién era mi interlocutor. A algunos les dije:
"Estoy escribiendo un bosquejo biográfico sobre esta persona, y quisiera
saber si podría obtener una copia de la fotografía que aparece en el anuario
de la escuela". A otros les dije que estaba haciendo historia familiar.
A otros, que estaba investigando suicidios en Utah (con mucho cuidado de
evitar las palabras gay y mormón). Esa es una lección que aprendí cuando
intenté contactar al dueño de un bar gay de Lago Salado y le expliqué a uno
de sus empleados mi conexión con Afirmación. "Mi jefe odia la religión", me
dijo el empleado. "Puede dejarle un mensaje, pero dudo que conteste". El
empleado tenia razón: el hombre nunca respondió a mis mensajes.
Al fin y al cabo, obtuve información sobre más de 20 personas que se quitaron
la vida. Todos eran mormones y todos estaban tratando de reconciliar sus
creencias con su sexualidad. Yo no pretendo comprender todas las circunstancias
que los llevaron a suicidarse, pero creo que Robert McQueen estaba en lo cierto
en su análisis de las muertes de 1965. "Mis amigos de 1965 eran buenas personas",
escribió McQueen en la revista The Advocate. "Querían ser mejores, pero creyeron
en la iglesia más que en sí mismos. La iglesia los rechazó por ser gays y eso
los destruyó. Dudo que llegue el día en que la Iglesia Mormona acepte aunque
sea una parte de la culpa"4.
Hoy estoy más convencido que nunca que debemos desenmascarar la política del
silencio. No es vergonzoso quitarse la vida, pero sí es vergonzoso ignorar
que estos suicidios están ocurriendo. Es vergonzoso que respaldemos estos
suicidios con nuestro silencio, o que desencadenemos más suicidios con
mensajes de odio e intolerancia.
"Si uno destruye el registro, destruye la verdad", dice Paul
Monette5. Necesitamos
preservar y contar las historias de estos mormones gays que se quitaron la vida,
no porque sean historias ejemplares, sino porque son conmovedoras. Señalan una
crisis de salud que existe entre nosotros. Esta crisis no es provocada por un
virus, sino por mensajes de odio y de fanatismo. Tenemos que preservar y contar
estas historias porque al igual que muchas otras enfermedades, esta crisis
prospera donde hay ignorancia. Por cada suicido de un mormón gay que hemos
documentado, hay muchos cuyos nombres nunca conoceremos; los detalles han sido
escondidos por la política del silencio. Y por cada mormón gay o mormona lesbiana
que se ha quitado la vida, hay muchos que ya se sienten muertos, porque no
pueden reconciliar sus vidas con los mensajes que reciben en sus casa, en la
escuela y en la iglesia. Tenemos que preservar y contar estas historias para
mostrar lo que nunca debería haber ocurrido. Tenemos que preservar y contar
estas historias porque admitir que han ocurrido es el primer paso para cambiar
la realidad. Tenemos que contar estas historias porque si nosotros no lo hacemos,
nadie lo hará.
Para aquellos que se sienten deprimidos, amargados, o abrumados por el temor y la
ansiedad, mi mensaje es simple: No seas cómplice de la política del silencio.
Alza la voz. Hay ayuda disponible. No estás solo. Hay miles de mormones gays
y mormonas lesbianas que han pasado por la misma tribulación, y la mayoría han
sobrevivido y prosperado. Esto también te puede ocurrir a ti. Acéptate tal como
eres y ármate de coraje para hablar con alguien de confianza.
Para aquellos que son asesores o maestros en la escuela y en la iglesia, mi
mensaje es simple: Nunca ridiculicen a la jovencita que no siga un modelo fijo
de femineidad. Nunca se burlen de un muchacho que no satisfaga sus expectativas
de masculinidad. Nunca le enseñen a la juventud que un matrimonio heterosexual
en el templo es el camino real a la felicidad. Nunca enseñen que sería mejor que
todos los homosexuales se murieran. Nunca enseñen que Dios le manda el SIDA a los
homosexuales para castigarlos como en los días de Sodoma y Gomorra.
Para los obispos y otros líderes de estaca, mi mensaje es simple: Nunca crean
que ustedes entienden lo que es ser gay o ser lesbiana. Nunca amenacen con
disciplina o excomunión a un alma atormentada. Y sobre todo, nunca le
recomienden a nadie un supuesto "tratamiento" que es carezca de ética, base científica,
y realismo. Muchos de los mormones gays que se quitaron la vida lo hicieron
después de ser víctimas de tales "tratamientos."
Para las autoridades generales de la iglesia, mi mensaje es simple: Déjense de
hacer política en nombre de una moralidad heterosexual. Déjense de dividir
familias en nombre de la decencia. Déjense de excomulgar a homosexuales en
nombre de la teología. La promoción que los líderes mormones hacen de leyes
anti-gays no han disminuido las tasas de divorcio e infidelidad; han incrementado
la tasa de suicidios. Estas no son tácticas inteligentes para una iglesia que
dice estar embarcada en la misión de promover tolerancia cultural y religiosa.
Yo no le echo toda la culpa a la intolerancia de la Iglesia, pero cada vez que
los líderes dicen que la homosexualidad es una perversión, cada vez que
promueven leyes anti-gays, cada vez que llaman a la juventud gay al
arrepentimiento, contribuyen al auto-desprecio y a la ansiedad que han llevado
a tanta de nuestra gente al suicido.
Hay cosas extraordinarias que ocurren cada vez que un padre, una madre, un
hermano o hermana tienen el coraje de resistir la política del silencio. Mi
primer ejemplo viene de la familia Matis. En marzo del 2000, después del suicidio
de Stuart, Bill, el hermano de Stuart, envió una carta al periódico de la
Universidad de Brigham Young. Parte de la carta declara lo siguiente: "A aquellos
comparan a mi hermano con asesinos o adúlteros, me gustaría decirles que un asesino
o un adúltero elige ser lo que es. Ustedes y yo no elegimos el color de nuestra
piel. De igual manera, mi hermano no eligió ser homosexual. Muchos que lo conocían
dicen que Stuart era una de los cristianos más genuinos que conocieron. Era un
hijo, un hermano, un tío, un sobrino, un primo, y un amigo
leal"6.
Mi segundo ejemplo viene de David y de Carlie Hardy, que son los padres de un
hijo gay. Una tarde de 1997, mientras el hijo sufría horriblemente por una
lección sobre Sodoma y Gomorra que había recibido ese día en seminarios, la
madre se reunió con el presidente de estaca. "Si no lo divulgamos, todo va a
salir bien, créeme", le dijo el presidente de estaca para tranquilizarla. Esa
misma tarde el hijo se cortó las venas en su recámara. Afortunadamente, el hijo
sobrevivió, Y aunque el presidente de estaca quería que ellos no lo divulgaran,
los Hardys se negaron a ser cómplices de la política del silencio. Comenzaron a
difundir la historia de su hijo, y al hacerlo se convirtieron en enérgicos
defensores contra la intolerancia y la homofobia, e influyeron positivamente
la vida de muchas personas.
Todos tenemos que encontrar algo que hacer—alguna forma de resistir y
desenmascarar la política del silencio. Para algunos de nosotros, la
resistencia consistirá en "salir del armario" y revelar nuestra identidad
gay a nuestros amigos, a nuestra familia, o a nosotros mismos. Para otros,
la resistencia consistirá en levantar la mano en la escuela dominical cada
vez que oímos la retórica de la intolerancia y de la homofobia. Para otros, la
resistencia consistirá en revelar públicamente nuestras historias, participar en
foros públicos, y enviar cartas al correo de lectores en revistas y periódicos.
Después de haber leído las historias de todas estas personas, documentado sus
vidas y visitado sus tumbas, todavía no sé si todos estos mormones gays que se
suicidaron son mártires o héroes, pero sí sé que son testigos. Sus vidas
testifican de un dolor y un pesar que no podemos comprender. Sus muertes revelan
una crisis sanitaria que debemos detener.
Paul Monette escribió: "En mi vida adulta he aprendido que la voluntad de
silenciar la verdad es, siempre y en todos lados, tan poderosa como la
verdad misma. Así es que estaremos siempre en permanente lucha: Por un lado,
los que luchamos por comprender las verdades que nos unen, y por el otro, los
que tratan de borrarlas"7. Nuestra comunidad mormona enfrenta una tarea sobrehumana, pero si damos el primer paso, comenzaremos a avanzar en la
dirección correcta. Avancemos de la negación a la aceptación, de la ignorancia
a la tolerancia, del temor al diálogo. Basta de muertes, basta de silencio.
Notas
1 Monette, Paul, The Politics of Silence [La política del
silencio], Last Watch of the Night [Última Vigilia] (Harcourt Brace, 1994), p. 129.
2 Nelson, David, Brutal Truth [Verdad brutal], The Salt Lake
Tribune, 7 de febrero de 1994, p. A7.
3 La Propuesta 22 fue una iniciativa política que cambió el
lenguaje del Código Familiar de California. El nuevo código declara que solamente el matrimonio
entre un hombre y una mujer es válido en California. La Iglesia Mormona montó una impresionante
campaña política para respaldar esta propuesta y reunió muchos cientos de miles de dólares en
favor de la campaña.
4 McQueen, Robert I., Outside the Temple Gates—The Gay Mormon
[Fuera de las puertas del templo: El mormón gay], The Advocate, 13 de agosto de 1975, p. 14.
5 En The Politics of Silence [La política del
silencio], p. 118.
6 The Daily Universe, 7 de marzo de 2000.
7 En The Politics of Silence [La política del
silencio], p. 118.
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