Historia personal del Diablo Cojuelo
¿Cuándo descubriste tu orientación sexual? ¿A qué edad? ¿Cómo fue la situación? ¿Cuándo aceptaste tu orientacion sexual y emocional?

Confesiones
Por “Diablo Cojuelo”
Noviembre de 2005

Hace unos días le escribí a un amigo de Afirmación tocando temas parecidos al que ahora voy a hacer alusión, ya que en ese momento sentía que éste no era el ámbito para hablar de mis problemas personales, sino de generalidades, pero Michael ha dado pie para que yo me atreva a participar en esta acción propuesta por él.

De antemano lo felicito por su iniciativa, pues creo que ayuda mucho saber de las experiencias de los demás, de su lucha para sobrevivir en medio de una sociedad que sigue siendo homófoba, que nos rechaza y que nos inculca el rechazo hacia nosotros mismos, nos llena de miedos y siembra dentro de nosotros sentimientos de culpa y de autorepresión.

Paso pues a relatarles algunas de mis experiencias y las circunstancias que las rodearon teniendo en cuenta las preguntas formuladas por Michael.

Me crié en un hogar donde se profesaba la religión católica y estudié en un colegio regentado por sacerdotes católicos.

Mi padre era sumamente conservador en materia política, godo ostrogodo, decimos en nuestro país, pero cultivaba la intelectualidad y en areas de la ciencia y del humanismo, lograba apartarse un buen trecho del sectarismo y del dogma, lo cual me permitió leer, leer y leer, sin restricciones hasta cierto punto, pues no resultaba muy tolerante, cuando se trataba de Marx, Engels, Mao, etc.

Nos enseñó a todos mis hermanos y a mí a ser buenos estudiantes, trabajadores, honestos y MACHOS. Mis tíos eran machos, mis hermanos machos, mis primos machos, pero yo, no sé qué hacía o qué manifestaciones presentaba, la verdad es que un día escuché a mi padre muy preocupado por mi falta de hombría, hablando acerca del tema con mis hermanos mayores, “Hay que hacer algo...VISITA DEMASIADO LA ABUELITA...TIENE UN AMIGUITO MUY SUAVECITO...VA MUCHO DONDE LAS TíAS, LO VAN A DAñAR”.

Tenía entonces 9 años, leía como un loco, no jugaba al fútbol, me encantaba ir a misa, era muy espiritual, desconocía la actividad sexual y era terriblemente solitario.

Ahí conocí la palabra marica. Un tío decía cuando estaba con tragos, si me nace un hijo marica lo arrojo al Río Cauca (caudaloso río que cruza el departamento donde nací). Yo no comprendía bien el término, pero como no era tonto, empecé a darme cuenta que era un indirectazo y que la palabreja aquella significaba ser débil, ser "niñita". Mi padre vociferaba, “HABLE DURO, CAMINE CON FUERZA, DEJE LAS MANOS QUIETAS”, y mis hermanos decían, “NO HABLE ASí, PARECE UNA NENA, CUIDADITO CON LLORAR, LOS HOMBRES NO LLORAN”.

Lo cierto es que la transformación tuvo lugar, lenta y paulatinamente, me fuí convirtiendo en todo un hombre. A los 11 años uno de mis hermanos me llevó a ver una película para adultos. Recuerdo que se llamaba “Los Mil Ojos Del Amor” y por supuesto había mujeres desnudas.

Yo entendí que tenía que ser fuerte o perecía. Mi voz se tornó bronca, varonil, así como mis expresiones, “NO ME JODA, COMA MIERDA, SI ME TOCÁS UN PELO TE CASCO, HP”, etcétera. Mi cuerpo se fue haciendo más fortacho, ya no era tan fácil meterse conmigo, pero seguía siendo profundamente espiritual y el sexo no me acosaba; tenía 15 años.

Ahí fue Troya, descubrí la masturbación y empecé a sufrir, sentía una especial atracción por mis compañeros mayores, sobre todo los que tenían más vello.

¿Por qué cuando ya estaba todo superado, yo era fuerte y vigoroso, sentía eso tan feo?

A pesar de mis conocimientos acerca de la cultura griega, estaba imbuido de la doctrina católica, del infierno, de la condenación eterna, de la culpa, de la maldita culpa, del Antiguo Testamento aunque se proclamara el nuevo, de tres palabras que hoy en día detesto con todas las fuerzas de mi alma, "abominación", "perversión" y "aberración"; me sentía sucio, asqueado de mí mismo. Esto no podía ser, yo tenía que ser superior a mis flaquezas de ser humano, Dios me ayudaría.

Fuí sepultando al homosexual. Un día con tragos (empecé a beber desde los 13 años) por circunstancias del destino, tuve relaciones sexuales con una mujer mayor, madre de unos amigos míos y de ahí en adelante con otras mujeres, nunca con prostitutas, pero jamás me enamoré.

Las mujeres me gustan, me excitan, mis relaciones son completas y tengo éxito con las mujeres. Mi mundo es absolutamente heterosexual, pero nunca me casé a pesar de que deseo un hijo con locura.

Volteaba la vista para otro lado cuando notaba que observaba a un hombre más de la cuenta y le oraba al Señor implorándole que alejara de mí la homosexualidad.

Yo era el peor de los homosexuales, primero porque yo sabía de la existencia de Dios y sin embargo le daba ocasionalmente rienda suelta a mi imaginación, sin importarme que la homosexualidad es antinatural. "¿No ve que dos hombres no pueden procrear?" Además, me iba bien con las mujeres, no sentía el rechazo que experimentan los homosexuales por las mujeres. ¿Por qué diablos tenía que pensar en hombres e incluso masturbarme pensando en ellos?

Era como una maldición. Llegué a jurarme a mi mismo que si caía con un hombre, me suicidaría. Para alejar toda posibilidad, tenía sexo y más sexo con mujeres. SOY TODO UN VARóN.

Pero, he aquí que me enamoré de una chica menor que yo, toda ternura, toda dulzura, bella de cuerpo y de alma, super espiritual, la mujer que cualquier hombre desearía para que fuera la madre de sus hijos.

Oh desgracia, con ella no hay sexo, sublimamos, ella es toda pureza, surge la bestia de nuevo, y he descubierto un parque donde deambulan los homosexuales. Mi abstinencia me ha vendido. Ingreso por fín al mundo gay.

Voy a orinar trás un árbol y aparece de repente un muchacho sediento, DIOS mío, él, sediento y yo, cual un odre a punto de reventar. Se imaginarán lo que pasó.

A partir de este momento todo se desencadena. Ella empieza a dudar de mí, cree que hay otra mujer. Comienzo a convertirme en dos personas, mi vida se torna en un infierno, tengo 39 años.

Deshago margaritas y contemplo la posibilidad de suicidarme. ¿Tendré salvación? Soy la hez de la tierra, un infrahumano, una bestia, pudo más el instinto, el salvaje que habita en mí, la escoria.

Me acosté de noche y el día me encontró con los ojos enrojecidos por el llanto.

Hoy en día he recapacitado, he crecido mucho en los 4 últimos años, me esfuerzo por aceptarme y ayudar a que otros se acepten y ya no me preocupo tanto por ser diferente.

Gran parte de este proceso, lo he vivido a través de Afirmación que ha sido una luz en el camino, independientemente de que no comparto el credo de muchos de ustedes.

Aún sufro mucho, porque deseo tener hijos y no lo encuentro viable, porque amo a una mujer que jamás aceptará un homosexual por pareja y, además, porque sigo necesitando ternura masculina, abrazos de macho y caricias vigorosas.

¿Por qué me llamo DIABLO? Porque es una forma de darle una bofetada a las iglesias que en el nombre de Dios han humillado, golpeado, escarnecido, torturado, quemado, mutilado, castrado y asesinado a millones de seres humanos y porque han hecho del Diablo una amenaza permanente y un instrumento de terror, cuando no entrañ más que un símbolo, el cual en la antigüedad representaba la luz o más bien el fuego que es luz. El fuego que nos legó Prometeo, arrebatándoselo a los dioses.

Señores, son las 4:05 de la mañana, me va a costar trabajo levantarme a trabajar, pero valió la pena en cuanto a mí se refiere, ojalá esta narración sea también de provecho para ustedes.

Que el Dios verdadero nos ayude, el Dios de todos.

Al igual que un presidente de ustedes, yo también pienso que el evangelio es verdadero, pero las iglesias no.

DIABLO

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