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Christopher M. |
El sexo puede esperar
Christopher no tiene vergüenza de decir: “Soy virgen”
por Christopher M.
Julio del 2008
Ya tengo más de veinte años, y todavía soy virgen. No porque mis padres me hayan forzado a serlo, sino porque durante la escuela secundaria (preparatoria) fui testigo de cómo se complicaron las vidas de mis amigos y mis amigas cuando comenzaron la actividad sexual: Hubo situaciones alarmantes de posibles embarazos, una montaña rusa de emociones, dependencia emocional y, sobre todo, muchísimos chismes.
A los 16 años decidí que iba a preservar la virginidad hasta que estuviera en una relación seria, y esto significa no hacer nada con otro chico que requiera el uso de condones (preservativos).
Y entonces empecé a valorar mi virginidad. Dejé de preocuparme de cuándo la perdería y empecé a preguntarme por qué habría de perderla. Mi virginidad no me hace daño ni me inhibe. He tenido, es cierto, un par de situaciones incómodas, como cuando una amiga buga me hizo preguntas sobre la sexualidad gay, y yo no supe qué decirle, o cuando un chico quiso pasarse de la raya conmigo. Pero a pesar de todo, ser virgen vale la pena.
En la universidad donde voy, en San Diego, hay muchos chicos gays que todavía están en el armario. Hay chicos que se hacen pasar por bugas delante de los demás, pero secretamente me mandan mensajes de email diciéndome que se quieren acostar conmigo. Yo los rechazo, porque para mí esa no es una buena manera de entablar un posible noviazgo: Yo quiero una relación que sea no solamente sexual, sino que quiero una relación completa.
Hay muchas otras cosas que puedo hacer y que no requieren que luego me tenga que hacer una prueba de sangre. Puedo salir en citas, y seguir saliendo con un mismo chico, o entablar amistad con uno nuevo. Puedo ir a las discotecas y divertirme como el que más—con excepción de que no termino llevando a un chico a mi casa. Tengo una vida muy realizada, y espero el día en que sí entable una relación seria con otro chico. Ojalá que esa relación incluya la posibilidad de casarnos.
A veces me pregunto si seré el único gay virgen de California. A veces me siento como si lo fuera.
Pero a mí eso no me molesta, porque en la vida, uno es el capitán de su propio de destino. Y esta decisión de esperar, la tomé yo solito, sin que nadie me obligara.
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