James Kent

James Kent: “Dios nos ama incondicionalmente”

Fragmentos de una entrevista publicada en Dialogue: A Journal of Mormon Thought [Diálogo: Un periódico académico de pensamiento mormón], 33:3 (otoño del 2000), 123-131.

¿Cómo empezaste a participar de Afirmación?

En mayo de 1988 yo vivía en el Área de la Bahía cerca de San Francisco. Tenía 30 años y todavía quería creer que no era gay. Un amigo heterosexual mío, que también había crecido en una familia mormona, me llamó un día y me dijo: “No quiero ofenderte, pero pensé que te interesaría saber que hay una organización mormona gay en San Francisco”. Mi amigo y yo fuimos al edificio de la Iglesia Metropolitana de San Francisco, que es donde Afirmación tenía las reuniones. Todavía hoy recuerdo haber subido esos escalones, haber abierto la puerta, y haberme encontrado con 31 mormones gays y mormonas lesbianas. Por primera vez descubrí que no estaba solo, que había otros como yo. Y aunque mi amigo nunca volvió, yo volví semana tras semana y comencé el proceso de salir del armario.

¿Estabas activo en la Iglesia en esa época?

Estaba muy activo en la Iglesia en esa época. Vivía e iba a la Iglesia en la ciudad de Fremont, cerca de San Francisco, y además asistía a un barrio de jóvenes adultos en la parte sur de la Península de San Francisco. Cuando salí del armario, inmediatamente transferí mi registro de miembro al Barrio de Solteros de San Francisco, donde en esa época había un obispo que era muy amigo de los gays. De manera que me hallé en una situación en que, además de Afirmación, encontré un barrio de la Iglesia amigable hacia los gays.

James Kent
James Kent hizo la misión en Japón
Cuéntame algo de tu experiencia en la Iglesia Mormona.

Mis abuelos se bautizaron en la costa de Maui en 1920, de manera que soy un mormón de tercera generación. Tuve muchos llamamientos en la Iglesia, a veces tenía dos o tres llamamientos al mismo tiempo, en un intento de ser el mejor mormón del mundo entero. Hice dos años de misión honorable en Japón. Yo creía que, haciendo todas estas cosas, Dios me perdonaría el tener estos deseos “innaturales” hacia otros hombres en vez de las mujeres. Fui muy afortunado de encontrar Afirmación cuando la encontré, porque estaba muy deprimido en esos días. Iba a la Iglesia e intentaba salir en citas con hermanas de la Sociedad de Socorro, pero cada vez que lo hacía terminaba por enamorarme de algún miembro del Quórum de Élderes. Era cada vez más difícil vivir así, y con el paso del tiempo me sentía cada vez más aislado y más solo.

¿Cómo fue tu proceso de salir del armario?

Yo probablemente no habría sobrevivido el proceso de salir del armario si no hubiera sido por Afirmación. En esa época estaba activísimo en la Iglesia, y había escuchado tanta información incorrecta en la Iglesia, en la televisión y en la prensa. La Iglesia y los medios masivos hablaban acerca de hombre afeminados, que se vestían con vestidos de mujer, que abusaban sexualmente a los niños, que se vestían con prendas de vestir de cuero, hombres promiscuos que tenían relaciones sexuales en los parques, los baños públicos, los saunas, hombres que odiaban a Dios y que no tenían valores morales. Yo podía darme una explicación y decir: “Bueno, yo no puedo ser homosexual, porque no tengo esas características”. Yo sabía que me atraían los hombres, pero esa explicación que yo me daba me permitía vivir en la negación.

Algunos podrían decir que soy gay porque mis padres se divorciaron y yo no tenía una persona modelo que me guiara. Por muchos años, también como una forma de negación, yo me decía a mí mismo que mis sentimientos homosexuales eran un esfuerzo por reconciliarme con mi padre ausente. Finalmente llegué a la conclusión de que esa razonamiento era ridículo: Si fuera cierto, mis hermanos también deberían ser gay, y no lo son. Además mi vida siempre ha estado llena de personas modelos: tíos, maestros, maestros de escultismo, líderes de la Iglesia y compañeros de trabajo que me guiaron.

¿Asistes a la Iglesia Mormona?

Por los últimos doce años he estado bastante inactivo. Tengo muy poco contacto con la Iglesia, aunque a veces voy con mi madre para apoyarla. Empecé a ver muchos amigos que se morían de SIDA (incluyendo algunos que contrajeron el virus VIH intencionalmente como una forma de suicido) y otros que era excomulgados por mantener relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, y llegué a la conclusión de que la Iglesia estaba jugando el papel de Dios. Finalmente llegué a la conclusión de que si la Iglesia se creía demasiado superior y sacrosanta para incluir personas como estos amigos, entonces también era demasiado superior y sacrosanta para incluir personas como yo. Así que hace dos años hice el trámite para quitar mi nombre de los registros de la Iglesia. Todavía me considero mormón en lo espiritual, lo cultural y lo social, pero no puedo apoyar a los líderes actuales de la Iglesia en sus decisiones administrativas o políticas.

¿Asistes a alguna otra iglesia?

A veces asisto a los servicios de otras iglesias, pero no me he unido formalmente a ninguna. ¡La Iglesia Mormona ha tenido un papel tan importante en mi vida! No creo que logre jamás abrazar a ninguna otra religión de la manera que una vez abracé a la Iglesia Mormona.

Muchos mormones dirían que tú has “apostatado” o, al menos, que has “perdido el Espíritu”. ¿Cómo respondes a tales acusaciones?

Es tan fácil descartar a la gente poniéndoles el rótulo de apóstatas. Cada miembro de la Iglesia practica una manera peculiar de mormonismo. La pregunta es: ¿Con cuántas cosas tengo que estar de acuerdo para ser mormón? ¿Qué tan mormón es el ser mormón? ¿Cuánto puedo alejarme de las enseñanzas de la Iglesia y aun ser considerado mormón? ¿Y cuánto tengo que alejarme para que me empiecen a considerar un apóstata? A la postre, la palabra “apóstata” describe una decisión tomada por un tribunal disciplinario de la Iglesia; si un tribunal decide que has apostatado, entonces los líderes pueden disciplinarte, si así lo desean. Pero tales acciones no cambian el corazón ni el alma de una persona.

Tristemente muchos excomulgados se creen esta retórica de la apostasía que usan los líderes de la Iglesia, y como resultado se creen que Dios los odia, o que Dios los ha abandonado. Yo creo que mi recorrido espiritual en la vida realmente comenzó cuando salí del armario. Yo creo firmemente que la relación entre un individuo y Dios no requiere ninguna iglesia. Nunca debería requerir una iglesia. Un profeta puede hablarle a 10 millones de miembros de la Iglesia, pero Dios le puede dar a cualquier persona revelación personal en cuanto a su propia vida y cómo vivirla. Si la gente me acusa de haber perdido el Espíritu, o de haber apostatado, realmente son ellos los que tienen un problema, porque yo sé que Dios me ama incondicionalmente. Todos deberían saber que el amor de Dios es incondicional.




























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