Historia personal de Michael

¿Cuándo descubriste tu orientación sexual? ¿A qué edad? ¿Cómo fue la situación? ¿Cuándo aceptaste tu orientacion sexual y emocional?

Historia personal de Michael
Administrador de Afirmación Latino

Portland, Oregon, Estados Unidos
Noviembre de 2005

Yo sabía que era gay desde muy jovencito, de 5 ó 6 años de edad. Por supuesto que no sabía cómo se llamaba el sentimiento que llevaba adentro, pero yo sabía que era diferente a los demás chicos de mi edad. Además me gustaba compartir tiempo y actividades con las chicas más que con los chicos; en ese tiempo de mi vida las chicas parecían ser más capaces, tener mejores actividades y no ser tan absurdas como los chicos que pasaban el tiempo peleándose y metiéndose en líos. Yo sabía que era diferente. Algo de lo que me enteré muchos años después de aceptarme como una persona gay es que mi maestro del segundo grado de la escuela primaria, cuando yo tenia 7 años de edad, le comentó a mis padres que si yo no pasaba más tiempo con mi papá, yo podría salir siendo "homosexual", una creencia de los años '70 (hoy en día esa creencia no tiene base según la Asociación Americana de Psicología; sin embargo, muchas instituciones religiosas y conservadoras siguen manteniendo esa teoría como "causa" de la homosexualidad, incluso la Iglesia Mormona).

Mis padres se divorciaron cuando yo tenia 9 años de edad; a mí me mandaron a vivir con mi papá mientras mi hermana y mi hermano menores se fueron a vivir con mi mama. (Una nota aparte es que mi hermano menor también es gay. No nos criamos juntos y estuvimos separados por más que 6 horas de viaje. Tal vez una prueba para el argumento de la causa biológica.)

Al llegar a la escuela mediana - lo que llamamos "Middle School" en Estados Unidos (después de la primaria pero antes de la segundaria) - me di cuenta lo que realmente era y cómo se le llamaba. Los chicos a veces pueden ser muy crueles y a la edad de 11 y 12 años, uno está recién entrando en la pubertad y muchos cambios suceden. Cuando escuché por primera vez la palabra "maricón" ("faggot" en ingles), ahí me di cuenta de que ese terminó me aplicaba a mí y yo sabía por lo menos a esa edad que el ser "maricón" (homosexual) no era nada bueno y aceptable. Entonces la gran mayoría de mi adolecencia pasé escondiéndome de ese terminó y aparentando no ser homosexual.

Mi familia no era mormona sino una mezcla de luteranos, católicos y bautistas. Sin embargo, no íbamos a ninguna iglesia con frecuencia. Yo siempre era una persona espiritual, mucho más que otra persona en mi familia. Tal vez justamente porque yo sabía que era diferente e intenté acercarme más a Dios para poder entender esa diferencia. A los 14 años me bauticé en la Iglesia Mormona porque de veras creía su teología. Me pareció, por ejemplo, que más práctica y comprensible que la teología católica. También a los 14 años, sabiendo que era homosexual y que no era una cosa aceptable, buscaba cualquier remedio para "curarme" de ese fenómeno. Yo creía que el acercarme a Dios no solamente me iba a brindar más conocimiento, sino que también Dios mismo me iba a curar si me comportaba en cierta manera.

Yo fui uno de los chicos más activos en mi barrio durante mi adolecencia. Siempre fui el líder del quorum de maestros y presbíteros, y participaba en todas las actividades de la iglesia. También siempre tenía mi novia al lado. Yo era el chico mormón perfecto: participaba en todos los asuntos y programas de la iglesia; tenía mi novia, a la cual respetaba, y no me metía en líos de relaciones sexuales; y era un niño ejemplar ate mis padres; yo creía que, por mi forma de ser, podría llevarles a ellos el evangelio.

Cuando tenía 19 años, como todo buen mormón, salí a la misión y me tocaba ir a Buenos Aires, Argentina. Fui a la misión creyendo que Dios mismo me eligió ir a ese lugar y la misión realmente iba a ser mi "prueba de fuego"; si no podía superar mis emociones y sentimientos homosexuales durante la misión, no lo iba a ser nunca. Durante la misión yo le confesé a mi presidente, un nuevo presidente que era argentino que se llamaba Jorge Abad. El Presidente Abad tenía solamente 2 semanas como presidente de misión cuando fui a la oficina y le conté de mí, que era homosexual. En ese momento yo no sabía quién estaba peor, él o yo. Con una determinación yo quería salir de la misión y regresarme a casa. él, sin embargo, como todo nuevo presidente, él quiso que yo me quedara e insistió tanto que al final yo le dije que "sí, me quedaría". Me acuerdo que llamamos a alguna autoridad de la iglesia en Lago Salado por teléfono y también por teléfono "me arrepentí" de ser homosexual. Entonces me quedé y terminé la misión pero nunca más tuve ascensos (director de distrito o líder de zona), sino que simplemente me quedé como compañero mayor. Los demás misioneros siempre sospecharon después sobre el por qué nunca me ascendieron y llegué a tener fama de ser un misionero "rebelde", pero no era así en absoluto. Mi presidente de misión admitía no comprender el asunto de la homosexualidad pero sí me aconsejó a que me casara lo más rápido al llegar a casa.

Yo siempre tenía mi novia durante la adolecencia y al llegar a la casa después de la misión le pedí a ella que se casara conmigo. Se negó a casarse conmigo porque ella quería hacer otras cosas con su vida y estudiar primero. ¿Se imaginan cómo me sentía? Pues de ahí seguí mi camino y volví a la Universidad de Brigham Young. Obviamente no superé nada de mi homosexualidad y seguí escondiéndola de todos. Fui a la universidad por un año más y después estuve inquieto y deseaba hacer algo diferente por un tiempo.

Por un periodo de 2 años, entre 1986 y 1988, trabajé para la aerolínea Trans World (TWA). Mi base era Nueva York. Generalmente realizaba los vuelos a Madrid y Barcelona, pues requerían alguien que hiciera los anuncios en español. Trabajar para la aerolinea me presentó con muchas situaciones y conocí a mucha gente nueva, precisamente gente gay. Cuando estaba en mi casa de California con mis padres y en mi barrio de la iglesia, yo era siempre el "buen mormón", pero al cruzar las Montañas Rocallosas cambié mi persona y era "gay". El vivir en Nueva York era una experiencia completamente diferente para mí y ese ambiente me presentó con muchas experiencias nuevas. Sin embargo, como ocurre a menudo, llegué a un punto de que no pude más; no podía vivir dos vidas y tener dos personalidades. Creo que es algo que muchos de nosotros enfrentamos al descubrir y aceptar nuestra orientación sexual. Supuestamente "me arrepentí" de nuevo ante mi obispo en California y el me recomendó a que dejara la aerolínea, que volviera a la Universidad, y que encontrara a alguna chica mormona con quién casarme.

De regreso en la Universidad de Brigham Young, me encontraba solo. Yo salí con chicas pero nada me satisfizo. Llegué a conocer a otra gente gay de la misma universidad y en la misma condición que yo y por un tiempo organizamos un grupo de apoyo similar a Afirmación para los estudiantes de la universidad. Ahí conocí al que fue mi primera pareja, Ramón, un mexicano de Chihuahua. Ramón había crecido dentro de la iglesia y sus padres lo mandaron a la escuela en Nueva Casas Grandes, parte de las colonias mormonas en el norte de México. (Antes de conocerme, Ramón asistía a la organización Evergreen por un período para "curarse" de su homosexualidad y seguir bien en la iglesia. No sucedió asi sin embargo.)

Con Ramón estuvimos juntos por 2 años. Los dos éramos estudiantes e incluso nuestro obispo de barrio de estudiantes donde asistíamos a las reuniones de la iglesia sabía de nuestra relación. El obispo y sus consejeros también asistieron a nuestro grupo de apoyo varias veces y mi barrio llegó a tener fama de ser el "barrio gay" donde todos los gays podían asistir sin tener problema con el obispo o líderes de la iglesia. El pobrecito obispo era tan bueno y nos admitió que él podía asumir cualquier situación que se le presentaba menos que esta situación de la homosexualidad. él no tenía respuesta porque muchos en la iglesia no tenían respuesta. Él sabía que había cosas contradictorias y cada líder tenía su opinión y teoría personal. Entonces nos dejó en paz. Fui yo, sin embargo, que seguía inquieto dentro de mí, y fui yo quien rompió la relación con Ramón. Pensé todavía que podía vivir una vida heterosexual dentro de la iglesia, y que tal vez yo fuera "bisexual", algo que muchos de nosotros creemos alguna vez en nuestro camino.

Yo dejé a Ramon, llevándole a su casa en Chihuahua, y yo seguí camino hacia Argentina donde había conocido a una chica en La Plata durante mi misión. Se llamaba Aurora y años antes yo le había dicho a Aurora que era gay. Ella igual quiso estar conmigo y creo que ella lo interpretó como su deber de ser la mujer que me podía cambiar. Hicimos un viaje desde Buenos Aires a Santiago y Viña del Mar. Después seguimos el viaje a Lima, Perú donde nos quedamos con unos amigos peruanos por 3 semanas. Ahí en Lima entonces decidimos casarnos y nos casamos en la casa de nuestros amigos el 12 de octubre de 1991. Nos casamos obviamente por civil y no por la iglesia. Yo quería ver que podíamos vivir como pareja casada primero antes de casarnos por el templo; no quería fracasar en algo tan importante.

Basta decir que el matrimonio (real y emocional) duró muy poco tiempo. Al regresar a Buenos Aires de Lima yo ya me sentía nuevamente muy solo y ahora atado a algo que no quería. Aurora siguió intentando ser la "buena esposa", pero no hubo caso. Nuestra intención era de vivir en Argentina pero queríamos pasar la Navidad y Año Nuevo con mi familia en Estados Unidos. Entonces viajamos a Estados Unidos y pasamos un tiempo con mi familia. Yo no les había contado a los miembros de mi familia que nos habíamos casado. Pero Aurora en seguida fue y habló con cada uno contándoles que nos habíamos casado en Lima. Todo fue un gran error. Mi familia nunca quiso que me casara porque en el fondo mis padres, sobre todo mi mamá, sabían que yo era gay. Aurora y yo nos separamos en enero de 1992; yo me quedé en California y ella regresó a Argentina. Nos mantuvimos casados legalmente por 7 años más, pero en realidad no estuvimos casados ni por 7 meses.

Quise intentar una vez más con Aurora y me llegó la nostalgia de estar casado con ella. Ella vino desde Argentina nuevamente en julio de 1992 e intentamos nuevamente a ser una pareja nuevamente. Nos mudamos a Provo, estado de Utah y asistíamos a un barrio latino. Yo tuve el llamamiento de financiero y aparentábamos ser la "pareja mormona perfecta". En el fondo, nuevamente, yo sabía que no iba a funcionar. Fue en ese tiempo, de vivir juntos por solamente 4 meses, que yo me quise suicidar dos veces. Fue una época muy fea en la vida de los dos. Yo estaba mal emocionalmente y ella también estaba mal porque le hacía mucho daño. La decisión era obvia: vivir una mentira ante todos dentro de la iglesia y jugar con el pensamiento de suicidarme o separarme nuevamente de ella y seguir mi camino aparte de ella y aparte de la iglesia. Obviamente escogí la segunda opción. En mi caso yo tuve que separarme no solamente de ella sino de la iglesia también para poder seguir creciendo emocionalmente y aun espiritualmente. Había mucho daño emocional y tuve que escaparme a un sitio para ganar de nuevo mi autoestima y mi persona. Llegué a la ciudad de San Francisco en diciembre de 1992 y ahí empecé mi viaje como una persona gay.

Fue en ese tiempo que también me encontré con el obispo de mi adolecencia en California. Le dije al ese obispo lo que me pasaba y que ahora no pude seguir aparentando o mintiendo al mundo más. Él simplemente me dijo lo siguiente: "Michael, el evangelio es verdadero; la iglesia no lo es". Con esas palabras me dio el permiso de separarme de la iglesia pero a su vez mantener mi relación con Dios y mantener mi creencia espiritual. Fue la primera vez que distinguí entre la institución y el evangelio, dos cosas separadas.

En San Francisco me asocié con Afirmación y empecé a asistir a la Iglesia de la Comunidad Metropolitana por un tiempo donde encontré un lugar entre las personas. Afirmación en cierta manera me salvó la vida. Me involucré y me conocí con personas igual a mí que pudieron entender y aceptarme por la persona que era. Nunca más intenté cambiar mi vida, ni cambiar por alguna institución religiosa o por alguien afuera de mí, ni cambiarme a algo que no era ni podía ser. En ese tiempo me acepté completamente como una persona gay, no totalmente feliz, pero me acepté y cada vez más me acepté más y llegué a tener confianza en mí mismo.

Por muchos años la Iglesia Mormona era "mi familia" y no quise dejar esa familia de la iglesia. Por un lado yo había abandonado a mi propia familia - mi papá, mi mamá y mis hermanos - porque no eran miembros de la Iglesia Mormona. Es irónico que al abandonar y separarme de la familia de la iglesia, me uní más a mi propia familia de sangre. Cada uno me aceptó con brazos abiertos y cada uno me afirmó que me amaba por la persona que era, incluso con mi homosexualidad.

ése era mi viaje al llegar a aceptarme a mi mismo y mi sexualidad. Ahora tengo 41 años y aún mi viaje sigue, aprendiendo nuevas cosas y encontrandome siempre con nuevas personas. Eso si que siempre la organización Afirmación ha estado apoyándome en el camino. Ahora me siento como una persona más completa. Todavía hay cosas que deseo en la vida, pero me siento más fuerte y seguro en cuanto a mi propia persona. Hasta pude abrazar mi sexualidad y llegar a considerarla como una bendición en vez de un castigo de Dios. Yo creo que soy más cerca a Dios aún porque ahora soy completamente honesto con mi vida y mis sentimientos. Eso ha hecho que mi relación con Dios sea mejor y verdadero en vez de una relación de temor, sospecha y duda.

Ahora en mi vida, si me preguntaran si pudiera cambiar mi vida para vivir una vida heterosexual y dentro de la iglesia lo haría? Mi respuesta sería no. No creo que puedo ir hacia atrás porque he conocido a demasiada gente en el camino y he pasado por demasiadas experiencias que me indican otros caminos. Tengo respeto por la Iglesia Mormona y aún gratitud por ciertas cosas que me dio. Sin embargo, la vida que vivo ahora es más honesta, más auténtica, y puedo ser yo mismo ante Dios y ante mí mismo. Sobre todo he aprendido que el ser gay es una de las grandes cosas que me ha pasado en la vida. Nosotros tenemos la oportunidad de tener otra óptica hacia la vida, ya que nuestra condición es diferente. Que podamos entender que somos especiales por las personas que somos, incluso con nuestra sexualidad y nuestra perspectiva diferente.

Michael
Portland, Oregón, Estados Unidos




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