Nuestra causa será el amor
Reflexiones de Cartagena de Indias,
Colombia
Por El Gato Azrael
Noviembre 2005
Hace algún tiempo atrás; un buen amigo me preguntó:
¿Qué diferencia hay entre salir con alguien que es miembro
y alguien que no lo es? ¡Alto! no contesten todavía.
Sé que al igual que a mí todos ustedes se llenaron de
argumentos para responder la interrogante. Pero recordemos qué
sucede cuando un par de personas ya sean gays o lesbianas se conocen:
- algunas personas se conocen y siguen conociendo a otras personas
para que como dicen ellos o ellas para probar quién puede ser
la persona ideal;
- otras personas salen con dos y hasta tres personas a la vez y le
hacen ver a cada uno que solo están saliendo con esa persona
y al final cuando todo se descubre solo hay un corazón herido
y otro sin sentido;
- algunas personas salen con otra por puro y físico sexo y el
sentimiento de pareja no ocupa sus anhelos;
- otras personas están en busca de la persona ideal y siempre
buscan defectos en otras y los famosos “peros”, entonces
no son capaces de vislumbrar las cualidades y esto afecta la relación;
- en otros casos vemos cómo solo hay personas que salen a buscar
quién puede ocupar su lista de citas.
Creo que si algún día creamos una maratón de
motivos y razones o excusas que afecta una relación y una primera
cita haríamos montañas de papel llenas de las mismas.
Entonces volvemos al principio de la pregunta: ¿Qué
diferencia tiene el salir con alguien que es miembro de la iglesia
y alguien que no lo es? O diremos que estos motivos de los que hablamos
anteriormente no se dan en las parejas entre los cuales haya un miembro
de la iglesia; sabemos que si se dan.
Una de las cosas en las que me he colocado a meditar es en ese punto
tan difuminado el cual a veces pienso que nos hemos acostumbrado a
verlo de esa manera. ¿Por qué el salir con un Santo
de los últimos Días (SUD) se ha transformado en la misma
experiencia de salir con alguien que no lo es? Yo hablo por mi propia
experiencia y creo que muchos me acompañan en ese testimonio:
Después de salir con personas que no eran Santos de los últimos
Días y al darse la oportunidad de hacerlo, me arriesgué
a lanzarme a ese desafió pero al final resultó ser la
misma experiencia que salir con alguien que no lo era. ¿Por
qué?
En estos días observaba un email de algún miembro de
la iglesia que escribía a Afirmación y mencionaba que
para él no vea la necesidad de pertenecer a ninguna organización
y que consideraba a ésta una moldeadora de pensamientos (debo
reconocer que fueron palabras más fuertes las que usó
pero el concepto era ése). Respeto la opinión de ese
hermano y si es lo que piensa debemos ofrecerle la misma comprensión
y respecto que aspiramos. El motivo por el que recuerdo este suceso
es porque volvemos al punto inicial de esta organización.
¿Por qué todos los pioneros de Afirmación decidieron
unirse?
¿Por qué decidieron crear de un sueño una realidad?
Algo que empezó con unos cuantos, ¿por qué ahora
trasciende no solamente fronteras si no también continentes?
Yo les voy a decir por qué: Porque creemos en lo mismo. Porque
somos especiales y únicos. Porque el hecho de que nuestro corazón,
nuestras fuerzas se encaminen a amar a una persona igual a nosotros
no nos quita la cualidad de ser maravillosos todo lo opuesto nos da
la fuerza de querer aprender y valorar a un ser sobre esta tierra.
Algunos nos preguntamos si podemos cambiar el mundo. La respuesta
es muy sencilla: ¡Sí! Y mis amigos hay que dejarlo mucho
mejor de cómo lo encontramos. De eso no me cabe la menor duda.
Pero aquí entra a jugar otro punto. ¿Por qué
entrar a un barrio como Afirmación? ¿Por qué
creemos en ser Santos de los últimos Días y creemos
que podemos sentir amor por alguien igual que nosotros?
Mis amigos, mis hermanos, y mis vecinos de barrio, no voy a mostrar
una bandera de santidad de que no cometo errores y de que no me veo
atraído hacia personas tentadoras. Claro que sí como
todos nosotros. Pero pienso que el hecho de que haya un solo Santo
de los últimos Días con el pensamiento y la creencia
fundamental de que José Smith fue un simple jovencito que Nuestro
Padre Celestial escogió para ser profeta y que sea gay o lesbiana
no puede dar ni recibir la experiencia de pareja igual que otra persona
que no conoce el evangelio.
Mis amigos y amigas, mis hermanos y hermanas, y mis vecinos de barrio,
no me cabe la menor duda de que en los cielos existe un Padre Celestial
que mira hacia abajo con nostalgia y amor por todos sus hijos en la
tierra. Un Padre que nos abraza fuertemente y quiere que seamos felices
y que como todo padre quiere a sus hijos y respeta sus decisiones.
Un Dios que se pasea con humildad divina entre las arenas de la playa
en el atardecer pincelado de naranja cuando es cubierto por la noche
larga. Un Dios que nos ama y nos quiere. Un Dios que permitió
que un jovencito a los 17 años pudiera cambiar el curso de
la historia. Un Padre que se entristece cuando sus hijos están
deprimidos por no encontrar a nadie que los quiera y valore. Un Padre
que se coloca feliz cuando sus hijos encuentran a alguien a quién
amar transparentemente. No puedo imaginar un Padre Celestial que odie
y que a la vez haya arquictetado las estrellas que son bajadas cuando
se hacen promesas de amor. Sé que Jesucristo vive y que es
él que está a la cabeza de la iglesia. Sí sé
que está a un lado de todo gay y lesbiana que nos arrodillamos
aun a orar por ser feliz. Sé que si aun se responden nuestras
oraciones porque ser homosexual no contradice ser justo y bueno.
Me despido con la fé en que algún día nos veremos
y la única respuesta de tanto enfrentamiento y rencillas entre
líderes y nuestra causa será el amor.
El Gato Azrael (F.A.P.A)
Cartagena de Indias, Colombia
Santo de los últimos Días
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